sábado, junio 14

Submundo, las actividades de las asociaciones no son recogidas por lo medios de comunicación

Totalmente gratuita. Así fue la charla sobre la felicidad que la terapeuta transpersonal Irene Paniagua dio el pasado martes 3, en la sala de la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa. Me enteré por cercanía y porque me lo contaron. Porque miré en las actividades de la página web del centro, y no di con ella.

Irene pertenece a la Asociación del Banco del Tiempo de Vitoria-Gasteiz, donde las/os socias/os aportan en trueque su capacidad y talento. La moneda de cambio es el tiempo. Yo te corto el pelo, tú me hablas en euskera. Irene, en este caso, pone al servicio de la asociación su conocimiento, y ésta lo difunde a través de una actividad abierta. Irene aporta sabiduría, la asociación un marco de escucha. Se da, se recibe, nada se debe.

¡Sorpresa! ¡La charla estuvo llena! Todos disfrutamos. Yo el doble.

Fui consciente del submundo de actividades que las diversas asociaciones de Vitoria-Gasteiz programan y realizan en la ciudad. Acciones, muchas veces, que no sólo no aparecen en los medios de comunicación, sino que tampoco entran dentro de los propios programas de los centros que las realizan. Sesiones puntuales que, o pasas por el centro a enterarte o jamás sabrás lo que te pierdes.

Son muchas las salas que se reservan y en las que se desarrollan actividades abiertas de asociaciones: biodanza, debates, o charlas, como en este caso. Ninguna es recogida por los medios de comunicación habituales y oficiales (periódicos varios, web municipal, revistas de ocio…). No obstante, ahí están. Pregunten en sus centros cívicos. Se hacen sin campaña de comunicación. Boca a boca. La gente se anima, se moviliza, asiste "voy a pasarme, a ver qué hay. Que siempre hacen algo…"

De hecho, muchas extienden sus programaciones a todo el año, dando vida, desde la sombra, a lonjas vacías, gimnasios silenciosos, o barrios dormitorio. Hay actividades para todos los gustos, situaciones, y edades. Fenómeno ciudadano, submundo cultural creado por las asociaciones, respaldado y activo, que respira al margen de la vida pública de la pantalla y el papel de una sola tinta.

Tal vez, para recuperar el hábito de consumo de cultura haya que empezar por hacer un análisis: preguntar qué necesidades de ocio hay, capacidad económica y disponibilidad, y que está dispuesta la gente a consumir. Implica mirar, también, algo más allá del ombligo: allá, en el anonimato mediático, donde las personas se reúnen, bullen y funcionan. Allá, donde existe una realidad cultural paralela; donde la gente hace agenda, llena salas, y participa, sólo con el compromiso de hacer algo por divertirse.