Esta semana también va de noveles y no noveles, pero no de la cocina, sino del juego. Basta que mayo haya sido el mes del juguete en el centro cívico Iparralde, para darme cuenta de a qué se refiere la gente cuando dice que Vitoria-Gasteiz es una ciudad de viejos/as. Pero no somos viejos/as físicamente, ¡sino de espíritu! Respaldada y embebida en mi curiosidad, me acerqué a Iparralde con la ilusión de ver en qué consistía este programa de actividades en torno al juguete. La exposición me trajo buenos recuerdos. En ella se ven muchos de los puzzles cuyas imágenes se pasan dee-mail en e-mail entre los nacidos en los 70 y, aunque simbólica y sin ambiciones, es nostálgica y cercana. Me animó. Sabía que había una actividad de trueque y me fui a preguntar. Ya iba pensando qué juguetes de mi infancia iba a dar, y cuáles me gustaría recibir.
Entré en la sala de juegos del centro y, sobre mi cabeza, sentados todos en la repisa de la ventana, una hilera de Epis de trapo, juegos de mesa, muñecos/as de cartón, triciclos, y demás peluches me daban la bienvenida. Nunca había visto la estancia tan alegre y tan llena de color. Esa tarde estaba llena de nuestros/as mayores jugando a las cartas y al dominó pero, entre tanto juguete y algarabía, aquello parecía más un patio de colegio. Algo en mí sonrió; mas pronto guardé mi alegría para mejores ocasiones…
Resulta que, el trueque era sólo para menores de edad (que está bien, no digo que no).Y justo, si quería, me podía sentar a intentar resolver el Bedlam Cube (el llamado "puzzle más difícil del mundo"), y si lo conseguía, me lo regalaban. ¡Qué decepción! Yo pensaba que era una actividad abierta, donde los grandes dejarían mil y un juguetes que ya no usan, y los pequeños los cambiarían por el Playmovil que más odian. Pero no.
Pues sí que estamos hechos unos viejales, sí. Me sentí discriminada por mi edad ¡y castrada mi ilusión! A mí, como a otros/as, supongo, aún me quedan ganas de disfrutar y compartir. Que desde que nos quitaron la Plaza España para regalar perros, cambiar cromos y sellos, y comprar sandwicheras a 500 pelas se ha limitado la comunicación comunitaria y el libre intercambio de objetos personales. No hay sitio para el juego y el trueque, como el que Iparralde ha cedido a los niños/as, para los mayores. Definitivamente ¡estamos hechos unos huraños/as! ¿O nos lo hacen ser? Propuesta: convertir la Virgen Blanca en espacio regulado para el trueque ciudadano, que sitio, hay. Si no funciona, poco a poco. Siempre se podrá poner una carpa para el fomento del ahorro del agua.
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