¿por qué están tan reñidos los artesanos y los artistas? Los buenos artistas viven de vender cuatro obras al año, los considerados. Los buenos artesanos tienen que esforzarse algo más, también los bien considerados. Pero, ¿qué es lo que diferencia a la obra de ambos? El arte recibe el tratamiento de "tendencia" y "vanguardia". Se llena de gloria y lo subastan en eventos que retransmiten los telediarios. La artesanía, mientras, tiene que esforzarse un poquito más…Las obras de arte, se supone, llevan un proceso de trabajo: conocimiento de la técnica, del elemento, creatividad, autenticidad, y producción no seriada. Cuantas menos réplicas, mejor.
Las obras de artesanía, por su parte, además de todo lo anteriormente citado, incluso aún teniendo algunas el tratamiento de producción limitada, quedan varios pasos atrás. Sin embargo, algo se olvida a la hora de poner precio a estas piezas: la presencia de su eterna compañera de lecho, la tradición.
Los sucesos y experiencias de una tierra; de generaciones de habitantes, lugareños, inmigrantes, y de muchos que se fueron y dejaron su hálito en cal. La artesanía narra un lugar. Da a conocer a sus gentes y sus costumbres, como hacen las paredes de edificios de otros siglos, de igual manera que las arrugas del rostro muestran el paso de una vida. Pero esto no se valora.
Así, un día, los artesanos se alejaron de los artistas. Quedaron atrás, aferrados a su labor didáctica sobre el entorno y la historia. El arte, ansioso de nuevos vientos, se distanció de la artesanía como el hijo que huye de la madre, y disfrazó su imagen con nuevos entornos y nuevos marcos.
Madre es ya mayor y reclama su valía y respeto. Recuerda su don fértil. La artesanía grita en medio del ahogo del olvido. Las jarras de madera dejan de ser cóncavas, los calcetines de lana no tienen por dónde meter el pie y las pelotas de jugar en el frontón son cuadradas. Lo hecho a mano se deforma por no estar en forma, por la falta de uso y aprecio.
La artesanía busca una admiración a la que aferrarse. Reclama su condición de unicélula creadora y sanadora de manos torpes, y recuerda la importancia de su trabajo para la salud de la memoria histórica y social.
En la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa, un grupo de artesanos vascos realiza, cumpliendo su labor didáctica, una autocrítica, y expresa su malestar ante la actividad pasiva de las instituciones y el desinterés del entorno social hacia su situación. Es la placenta del arte que todavía late. El esqueje creador que desempolva su labor en la memoria. Es el arte aún sano de los arte-sanos.
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