Lo pensé en cuanto la oí. A medida que Chantal Montellier (charla sobre las mujeres ilustradoras en la pasada edición del festival Crash Comic, en Montehermoso) iba exponiendo su teoría sobre la necesidad de igualdad en el mundo artístico, lo supe. Estaba abriéndome a un nuevo punto de vista.
Chantal afirmaba que, la diferencia entre la obra de una mujer y un hombre es que, en la femenina, el género de la autoría es identificable, mientras que en la masculina, no. Y decía que esto se debe a que las obras de las mujeres van cargadas de sentimentalismo y ñoñería, características delatoras de la femineidad, y que encasillan al estilo de la autora creándose a sí misma sus propias barreras de género. Me gustó el planteamiento, y me lo apunté. Intuyendo que había más, busqué información sobre la mujer en el arte.
Cuando supe que venía Amelia Valcárcel a clausurar La mirada iracunda de Montehermoso no me la quise perder. Fui tarde a la charla de la filósofa feminista (error mío, mal mal mal) y, aunque conocía su postura, no me esperaba a tan brillante comunicadora y analista del arte moderno: clara, cercana, y de maravillosa expresión. Aquí fue donde uní en mi cabeza a las dos ponentes bajo el término de "visionarias".
El título La mirada iracunda es un término acuñado por Valcárcel, y con el que describe la reacción que experimentan las mujeres treintañeras, que han crecido bajo el "espejismo de la igualdad" y que descubren el "techo de cristal" (masculino) que les impide avanzar a nivel profesional. La filósofa explicó su teoría sobre cómo las mujeres arrastran las vivencias de su género. Explicó que no "estetizan" el arte de la misma forma que los varones, debido a esta identificación personal con las demás. Así, en estos días de libertad de expresión, todas las obras artísticas femeninas giran en torno al grito de esas sensaciones, heredadas y acalladas hasta ahora. Por eso, la autoría femenina es perfectamente identificable (como ya dijo Chantal).
Sin embargo, es la cólera, generada por tanta frustración acumulada durante años, la que no hay costumbre de ver en la mujer, y es ésta, desatada, la que dio, ahora en libertad, vida a la muestra La mirada iracunda .
Insisto. Quien se perdió la charla de Amelia, perdió la fórmula para enfrentarse a una exposición de arte de moderno. Nos quejamos de no entenderlo. Necesitamos oír a los artistas y sus estudiosos. Si os gusta el arte, la próxima vez que alguien propio de la exposición de una charla, asistid. No volveréis a ver las cosas de la misma manera. O sí…
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