Se quejan nuestros representantes vecinales de que van a las reuniones de los Consejos territoriales, pasan las horas escuchando peroratas, aportan lo que pueden y… todo para nada. Ni caso. Que ni Borrador del Plan Director de Participación Ciudadana ni leches. Que aquí, los representantes municipales toman nota y, después, ¡vaya usted a saber qué hacen con los apuntes!
Ayyy…señores/as míos/as. ¿Pero no se dan cuenta? Si su propio nombre lo indica: Bo-rra-dor del Plan. ¿Esperaban qué todo funcionase a la primera? Paciencia. De momento, en diciembre, ya plantearon la realización de un nuevo Consejo de Participación Vecinal y, aún esperan confirmación y pista de despegue. No sé yo, si querer poner ventanas al edificio cuando aún no hay paredes fijas es solución para impedir que entre el aire y el frío. De momento, la lucha debería centrarse en que los órganos participativos ya existentes funcionen. Pero bien.
La participación ciudadana en la gestión municipal es una maravillosa forma de casi "autogestión" donde, los propios vecinos/as de los municipios deciden y participan en los asuntos públicos municipales. En Vitoria-Gasteiz estamos en vías de implantación de este modelo más, el camino aún es largo, Bartolo.
Además, es complejo. Porque se supone que, a través de ella, la ciudad mejora. Pero para ello, ambos agentes (vecinos/as y Administración) tienen que cumplir su parte. Si no, no sirve de nada. Es el caso del tranvía o el nuevo auditorio.¿Qué diagnóstico situacional llevó al Ayuntamiento a invertir en estas dos infraestructuras en vez de aumentar directamente la frecuencia de los autobuses y construir un pequeño hospital de cuidados paliativos o algo similar? Porque las quejas por las carencias de estos servicios son una mala digestión desde hace años, y no parece, aún, que llegue el ácido de frutas que calme estos reflujos molestos. A veces, vale que existe cierta desidia ciudadana, pero lo cierto es que la realidad política vive en un mundo paralelo a la de la calle.
Así que, quisiera recordar a la Administración que, para que esta democracia participativa funcione, el cambio primero ha de venir de dentro (como dice Fernando Pindado, subdirector General de Participación Ciudadana de la Generalitat). Si esto fuese Francia, ya estaríamos haciendo huelga de camiones. Pero como aquí nos corre fino txakolí alavés por las venas, tenemos un carácter más disciplinado y aburbujado, con tendencia a la enervación verbal, al descanso de la embriaguez, y a la resaca mediática. Y poco más.
Lo dicho: el camino aún es largo, Bartolo.
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