"lluvia" suena fino y petulante, como el nombre de la ciudad, Vitoria. Sin embargo, "lluvia" no es un simple término. Es sinónimo de muchas cosas, como por ejemplo, de "negocio" o "creatividad". Me explico: ¿Cuántas veces no les ha pillado la lluvia en la calle? ¿Y se han vuelto a casa? ¡No! Nadie vuelve a casa a por un paraguas. ¿Qué hacemos? ¡Entramos en el primer chino que encontramos y nos compramos uno! Vale, ahora, digan que no… Ya tenemos "negocio". Además, después del olvido, nos acabamos comprando, en una buena paragüería, uno plegable.
Y "creatividad", sí. No hay ciudadanos/as más creativos/as ante las inclemencias del tiempo que los vitorianos/as. Yo he visto usar sacos de basura como chubasquero para niños/as, bolsas de plástico del supermercado, libros, chaquetas, bolsos, mochilas, cazadoras, y hasta ramos de flores para la cabeza, con tal de no mojarse. ¡Me rio yo de los tocados que llevan las mujeres a las carreras de caballos en Inglaterra! A ver cuál es la valiente que se pone un kilo de naranjas con bolsa incluida (como también he llegado a presenciar) en el moño. Vitoria es una ciudad de creadores sin reconocimiento. Vivimos en una genialidad anónima.
Sin embargo, y dado que la lluvia forma parte del carácter vitoriano, igual que el ego omnipresente forma parte del carácter del artista, la ciudad debería estar preparadísima para que ningún evento se anulase en caso de llover a jarros. Pero no lo está. ¿Quién no se ha mojado viendo algún concierto o cualquier otra actividad?
Recuerdo una anécdota de hace años que viene al pelo. En un Chupinazo cayó la de San Quintín. Algunos/as no mojamos más que las rayas de la carretera en invierno pero, otros/as, fueron mucho más listos/as. Y he de añadir el "/as", porque fue una fémina la que, en un bar, me enseñó cómo llevar plegadas unas mallas, unas bragas, y una camiseta limpias en un bolso de mano no más grande que un paquete de 1 kilo de fideos, para cambiarte en caso de urgencia.
Esto viene a cuento porque, desde este pasado miércoles, y hasta el próximo 23, Día Internacional del Libro, las actividades se suceden en Vitoria. Pero algo me dice que el agua no nos va a respetar. Juan José Millás nos recordó, en Villa Suso, lo importante y la belleza de prestar atención a lo cotidiano. Viendo lo visto, ¿no resultan imprescindibles unas bragas de repuesto? Espero que esta Feria del Libro lleve unas guardadas en el bolso, o se ponga una bolsa del súper en la cabeza, si no, con el carácter lluvioso éste vitoriano, puede que pase la semana con los bajos mojados.
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