domingo, abril 20

Arte II - Nueva exposición en el museo Artium de arte participativo

Desde que Warhol instauró, felizmente, como nueva tendencia artística, eso de que toda cesta de compra debía estar en un museo, aquí cada uno hace lo que quiere, o lo que puede.

Cuando entré en el espacio de El museo de la calle en Artium, no sabía que aquello era realmente una exposición. Creí que era una broma. Que les había dado por hacer un homenaje a los años 80 y 90, y por eso habían llenado varias baldas con cosas viejas, de esas que usan para el atrezzo de la serie Cuéntame . En un primer momento, me pareció curioso. Disfruté escudriñando cada objeto. Barras de labios gastadas, ropa usada, figuras desfiguradas… No faltaban los pañuelos de papel y los preservativos. Un basurero bien organizado, en toda regla. Y me divertí, hasta que empecé a ver objetos en buen estado y de cierto valor: una jarrita de alpaca, un colgante de cobre, unos posavasos sin estrenar… La situación empezaba a tomar otro cariz.

En esto que la guarda de la sala viene, y me dice que las cosas se pueden tocar. El remate, cuando constato que es una exposición abierta al trueque. Aportas un objeto y te llevas otro, de similar presencia o valor. Me asaltaron las dudas. Si esto es una exposición y, se supone, de interés artístico, ¿por qué permiten que haya tanta basura? ¿Es la basura "arte popular"? ¿Sabe el autor que su obra recopila desperdicios humanos y lo permite? ¿Es este autor otro Warhol, y se ríe con esto de los cánones artísticos modernos? ¿O qué?

¡Qué confusión! De la sorpresa a la desilusión en menos que te tuerces un tobillo. Aquí, obviamente, volvemos a la pregunta de "¿qué es el arte?". Pero, ¡lechugas! ¿No sería mejor establecer "qué no es arte" para, al menos, evitar estos desencantamientos? Me temo que, por un lado, me va a tocar buscar entre las tesinas de los virtuosos y, por otro, intentar entender que hay quiénes ven arte y belleza hasta en los residuos.

Total, que en mi línea de transigencia acepté el reto: "vaaale, participo" dije. Pero, ¡qué va!. ¡No pude! ¡Qué vergüenza! ¿Cómo voy a dejar una compresa o un envase usado? No sé. De dejar algo, algo bonito; que valore. Comparto eso de que "no quieras para los demás lo que no quieres para ti".

Además, imagino que Federico Guzmán, el autor, buscaba el trueque de elementos útiles ¿o no? ¿O deseaba, precisamente, ver qué hace el público? ¿Demuestra que el arte popular es degenerativo? Maquiavelo se torna aprendiz…Puf. A vueltas con el arte, qué lata. Siempre lo mismo. Nada, nada. Experimentad. Quien quiera verlo, en Artium. Los miércoles, la entrada, a un céntimo.