miércoles, julio 2
Concurso de Jazzargia en el Marqués de Riscal de Laguardia
Cuatro formaciones provenientes de Madrid, Barcelona y País Vasco cosen en la tierra de vinos la esencia de esta asociación: el fomento y recompensa de los nuevos creadores de este estilo musical.
Los días 3, 4, y 5 de este mes de Julio, a partir de las 20:00 h. en un marco incomparable.
lunes, junio 30
Despedida - Fin de mi temporada en el DN de Álava
Siendo una adolescente comprobé la necedad del criterio de esos que se denominan "sabios de lo suyo" (marisabidillos). Cuando a los 14 años sub-gané mi primer premio de relatos breves, lo entendí. Había presentado ya un trío de escritos. Ninguno obtuvo condecoración. Para recibirla, me bastó ceder la autoría a otra persona. Fue así como aprendí que no se valoran todos los talentos. Son sólo algunos los elegidos, al margen de que lo tengan o no. El después fue un circo, donde los jueces vieron con agrado el declive de quien habían premiado. Debieron pensar "el burro se acercó a la flauta y sonó".
¿Qué criterios definen lo bueno y lo malo en la cultura? ¿Tiene la voz anónima legitimidad y poder? ¿Está la gente contenta con las propuestas culturales de ocio en Vitoria? Porque, últimamente, se van todos a Logroño a pasar el día y la noche. Con todos mis respetos, ¿qué tiene Logroño que no tiene Vitoria? ¿Ñ?
Yo me he quedado por aquí y lo he pasado bien. Un año ya de trabajo en esta columna. He visto talar los árboles cercanos a la N-1, no para hacer pisos, sino para que quien quiere ser jurado, se meta un palo entre las piedras feroces cada vez que sale en público, y jamás tener la cabeza gacha. Eso es lo que tiene Logroño, un ambiente distendido donde actuar sin palos encajados y con naturalidad. Dicen, Vitoria aburre.
Si no eres sabia, "calladita estás más guapa". Qué pena porque, opinar, todo el mundo puede y escuchando se aprende mucho. Ya lo decía Clint Eastwood, "la opinión es como el culo, todos tenemos una".
El público no tiene legitimidad en esta ciudad. Interesa la farandulería que más brilla bajo el foco menos potente. A veces se acierta al apoyar movimientos que se sabe, de antemano, atraerán la atención nacional e internacional. Pero es triste (con avaricia) ver cómo luego, sólo se hace eco del éxito que logran y no de su mensaje (por válido que sea).
Vitoria se divierte al margen de lo planeado para ella. Aunque la gente se mueve, su imagen en los medios es una eterna pose de acritud existencial. Pero no es real. Es una visión manipuladora que interesa.
Al menos, yo he sido una privilegiada y he tenido esta columna para explayarme. Y lo reconozco, no me he aburrido. He tenido la oportunidad de, sin ser sabia, ejercer mi derecho al criterio. Me lo he pasado es-tu-pen-da-men-te viendo afilar palos de árbol y contándolo.
Me despido a lo Mendoza. Pero sólo de la columna. Mi opinión es como lo otro que dijo Eastwood, inherente a mi persona. Gracias por estar ahí. Opinen, disfruten de la cultura, y suerte.
Terrazas, la actividad de ocio por excelencia del verano
Ahora , con el buen tiempo, comienza la maratón del ocio: conciertos, fiestas de barrio, de pueblos, festivales de música, teatro en la calle... Incluso, esta semana pensé en hablar de la II Bienal de Ocio, que se celebra en los próximos días: 25, 26 y 27 de junio. En ella se divagará sobre las múltiples formas de pasar el rato y las diferentes relaciones existentes entre dicho momento, los agentes de intervención y los elementos empleados para la distracción.
Sin embargo, hace bueno. No me apetece sumergirme en mundos teóricos y en oráculos del tiempo libre. Prefiero disfrutar de algo que, gracias a quien quiera que enseñó en su dichoso día a la ciudad, se hace de forma habitual en Vitoria-Gasteiz: salir a la calle.
No me refiero a salir de marcha, ni a un evento concreto, ni concierto, ni nada que se le parezca. Me refiero a salir a la calle por salir. Sin objetivos. Por estar, simplemente, bajo el sol, al aire. Para pasear. Para que los peques corran un rato y desgasten energía. Para huir del enclaustramiento en el que nos obliga a permanecer el frío.
En mi infancia, bajábamos a la calle con un bocadillo de queso y membrillo (o lo que tocase) después de haber hecho los deberes, y nos dejaban estar en el parque, solos, hasta que se adormecía el sol. Si queríamos seguir revolcándonos en los montones de hierba cortada (que antes se hacían y dejaban unos días) a un adulto le tocaba también bajar a la calle, como vigía. Al final, siempre acababan juntándose varios. Fumaban, charlaban, compartían pipas y patatas, llevaban fruta para nosotros, y las tardes-noches se convertían en veladas inolvidables de puré de lombriz y manchas de verdín. Hoy en día, todo esto es sólo una práctica en el recuerdo.
Esta forma de disfrutar del tiempo libre, ya no volverá jamás pero, si hay nuevas costumbres, que, aunque consumistas, la han sustituido de una forma muy sutil. Encajan ocio, consumo y relaciones humanas en un solo gesto: las terrazas de la hostelería.
Primero el paseo, y luego la terraza. Nos sentamos porque aunamos el relax, la gastronomía y la comunicación con los vecinos. Con la renovación de la Virgen Blanca, hay más espacios para esta actividad, y la gente parece no perder el tiempo. Además, también son un escaparate, o un mirador, según gustos y deseos.
Total, que el terracismo es en verano una de las mayores actividades de ocio urbano. Suele suceder. Consumo convertido en cultura. No sé si es motivo de análisis para la Bienal de Ocio pero, desde luego, los próximos meses, será donde la gente pase más su tiempo libre. Seguro.
sábado, junio 14
Inundaciones en Salburua
Parece ser que la lluvia no amedranta a la gente. Más bien, todo lo contrario. Algunos nos animamos y vamos a ver qué sucede cuando llueve más de la cuenta.Mi paseo es del miércoles 11 de junio. Ambos humedales de Salburua se unían sobrepasando las laderas de las charcas, juntando sus aguas sobre el camino preparado para pasear por la zona. La ruta, cortada, impedía el paso. A saber qué pasaba al otro lado...
Otras tres parejas, dos corredores, un paseante y tres ciclistas tuvieron las mismas dudas que yo. Todos nos juntamos en el camino cortado.
La lluvia no asusta tanto como dicen. Somos muchos Juanes Sin Miedo los que andamos sueltos.Noticias de interés relacionadas
Personas afectadas
Pérdidas ocasionadas
Asistencia a los damnificados por las inundaciones
Arte-sanos, un grupo de artesanos vascos reclama la valoración de su trabajo
¿por qué están tan reñidos los artesanos y los artistas? Los buenos artistas viven de vender cuatro obras al año, los considerados. Los buenos artesanos tienen que esforzarse algo más, también los bien considerados. Pero, ¿qué es lo que diferencia a la obra de ambos? El arte recibe el tratamiento de "tendencia" y "vanguardia". Se llena de gloria y lo subastan en eventos que retransmiten los telediarios. La artesanía, mientras, tiene que esforzarse un poquito más…Las obras de arte, se supone, llevan un proceso de trabajo: conocimiento de la técnica, del elemento, creatividad, autenticidad, y producción no seriada. Cuantas menos réplicas, mejor.
Las obras de artesanía, por su parte, además de todo lo anteriormente citado, incluso aún teniendo algunas el tratamiento de producción limitada, quedan varios pasos atrás. Sin embargo, algo se olvida a la hora de poner precio a estas piezas: la presencia de su eterna compañera de lecho, la tradición.
Los sucesos y experiencias de una tierra; de generaciones de habitantes, lugareños, inmigrantes, y de muchos que se fueron y dejaron su hálito en cal. La artesanía narra un lugar. Da a conocer a sus gentes y sus costumbres, como hacen las paredes de edificios de otros siglos, de igual manera que las arrugas del rostro muestran el paso de una vida. Pero esto no se valora.
Así, un día, los artesanos se alejaron de los artistas. Quedaron atrás, aferrados a su labor didáctica sobre el entorno y la historia. El arte, ansioso de nuevos vientos, se distanció de la artesanía como el hijo que huye de la madre, y disfrazó su imagen con nuevos entornos y nuevos marcos.
Madre es ya mayor y reclama su valía y respeto. Recuerda su don fértil. La artesanía grita en medio del ahogo del olvido. Las jarras de madera dejan de ser cóncavas, los calcetines de lana no tienen por dónde meter el pie y las pelotas de jugar en el frontón son cuadradas. Lo hecho a mano se deforma por no estar en forma, por la falta de uso y aprecio.
La artesanía busca una admiración a la que aferrarse. Reclama su condición de unicélula creadora y sanadora de manos torpes, y recuerda la importancia de su trabajo para la salud de la memoria histórica y social.
En la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa, un grupo de artesanos vascos realiza, cumpliendo su labor didáctica, una autocrítica, y expresa su malestar ante la actividad pasiva de las instituciones y el desinterés del entorno social hacia su situación. Es la placenta del arte que todavía late. El esqueje creador que desempolva su labor en la memoria. Es el arte aún sano de los arte-sanos.